Esos libros llamados diccionarios

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El diccionario era libro de consulta por excelencia. Sus versiones web han destronado al rey de la casa. ¿Actualmente vale la pena tener un diccionario?

Era frecuente ver en las casas un enorme diccionario. Digamos que era el juez que ponía fin a las dudas y disputas sobre el significado de las palabras. Tal vez ha sido el primer recurso de consulta de muchos. Aunque las ediciones digitales amenazan su permanencia en los hogares quisiera compartir una ventaja para preservar en la idea de mantener uno en casa.

Mi argumento en defensa del diccionario en casa no tienen que ver con la velocidad para la consulta linguistica. Es dificil que el gordo y viejo libro sea más rápido que su par digital aunque tenga el vigor de no depender del internet ni de la carga de la batería.

En realidad el argumento puede declarar a favor de cualquier libro en físico y es que en la búsqueda de una palabra, el diccionario nos puede sorprender dejándonos ver nuevas palabras. Nuevos matices que podemos incorporar a nuestro hablar. El diccionario hace que nuestra simple búsqueda de información sea una experiencia de descubimiento de nuestra u otras lenguas u oficios. Recordemos que también existen diccionarios especializados hechos para ser primera consulta antes de saltar a la enciclopedia como era antes o al buscador web.

No es un asunto de nostalgia, sino de que hay experiencias que se deben mantener por la riqueza que en ellas encierran. Tal vez, la próxima vez que deslicemos el índice por la página de un diccionario, sin querer descubramos, una nueva palabra.