Ortodoxia es el escrito de alguien que defiende sus ideas. El escritor y periodista inglés Gilbert Keith Chesterton realizó una mordaz crítica a las ideas de su tiempo en su publicación Herejes. Sus adversarios le respondieron: criticas nuestras ideas ¡A ver! ¿Cuáles son las tuyas? La respuesta es Ortodoxia. Publicada en 1908, Chesterton sigue los pasos de su compatriota John Henry Newman de quien ya hemos hablado en Cardenal Newman, Perder y Ganar.

Ortodoxia es un libro que desborda sentido común. Escrito en un estilo original, humor inteligente y de claridad meridiana confrontará las ideas del lector y revelará elementos robustos del cristianismo que cristianos actuales desconocen o no saben expresar.

El pensamiento de Chesterton sirve de piedra de toque para confrontar nuestras propias ideas a ver que tan bien paradas salen de ese encuentro.

Todo el materialismo descollante que domina el pensamiento moderno se basa en definitiva en un supuesto; un supuesto falso. Se supone que si una cosa continúa repitiéndose, probablemente está muerta, como una pieza del movimiento del reloj. La gente siente que el universo cambiaría si fuese personal; si el sol estuviese vivo bailaría. Eso es una falacia, inclusive en relación al hecho conocido. Pues la variación en los asuntos humanos llega generalmente a estos no por la vida, sino por la muerte; por la extinción o la abdicación de su fortaleza o deseo. (…) Ahora, para plantear la cuestión en una frase popular, podría ser verdad que el sol sale regularmente porque nunca se cansa de salir. Su rutina podría deberse no a una falta de vitalidad, sino a un torrente de vida. Lo que quiero significar puede ser visto, por ejemplo, en los niños, cuando descubren un juego o broma que les gusta especialmente. (…) Dado que los niños tienen abundante vitalidad, dado que su espíritu es impetuoso y libre, en consecuencia quieren cosas repetidas que no cambian. Ellos siempre dicen “hazlo de nuevo”; la persona adulta lo hace hasta casi morirse, pues las personas adultas no son lo suficientemente fuertes para alegrarse en la monotonía. Pero, tal vez Dios es lo suficientemente fuerte para alegrarse en la monotonía. Es posible que cada mañana Dios le diga al sol “hazlo de nuevo”, y que en cada atardecer le diga a la luna “hazlo de nuevo”. Quizás no sea una necesidad automática que haga todas las margaritas iguales; es posible que sea Dios que produzca cada margarita de forma separada, pero nunca se ha cansado de producirlas. Es posible que Él tenga el apetito eterno de infancia, pues nosotros hemos pecado y crecido, y nuestro Padre es más joven que nosotros.

Ortodoxia

La invitación es a leer Ortodoxia y a organizar las propias ideas para saber exponerlas de manera segura.

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